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A más ciudadanía organizada, ¡mejor comunicación! Olga B Gutiérrez La comunicación es un derecho fundamental del ser humano, y como tal se rige por las mismas concepciones de los que han sido considerados derechos tradicionalmente: la vida, libertades, salud, educación, la vivienda y otros. La formulación de derechos se plantea desde la Revolución Francesa (1789) y la Declaración del Pueblo de Virginia (1776), como límites del poder frente a los ciudadanos, a los excesos y el mal uso del poder por parte de los gobernantes. Así, la comunicación entendida como derecho se concibe de igual manera como la posibilidad de controlar el poder, pero ¿cuál poder? El de aquellos que se encuentran ejerciendo el control y administración de lo público, bien sea el Estado, o entidades privadas. Y he aquí una particularidad importante que introduce la comunicación al tema de los derechos: la defensa de lo público, independientemente de quien lo administre. Frente a la pregunta ¿A más medios, mejor comunicación? La respuesta que propongo es: A más ciudadanía organizada, ¡mejor comunicación!. La ciudadanía organizada que participa e incide en las políticas públicas, que se erige en control social de los medios y en general de la gestión privada de lo público, es un elemento fundamental que va a garantizar que exista una comunicación más democrática en Colombia. Uno podría pensar que es mejor que existan muchos medios, y esto y de acuerdo. Entre mayor oferta informativa, mayor número de opiniones diversas y de opciones melodramáticas, mucho mejor. Sin embargo, la sola existencia de múltiples medios no garantiza que se refleje diversidad y pluralismo. Puede ocurrir, como en efecto sucede, que la propiedad de esos medios en manos de unos pocos, homogenice la información y se preste para la construcción social del unanimismo político, simbólico y cultural. En este sentido, debe haber un control de la propiedad para evitar los monopolios, tanto públicos como privados, porque de ninguna manera se puede dejar en manos de un solo interés el manejo de los medios que en gran medida construyen el espectro simbólico del país. No se quieren medios privados que sean institucionales de los intereses de unos pocos, pero tampoco medios institucionales estatales. Lo que estamos viendo en Colombia es que no ha y una gran diferencia entre los medios privados y aquellos institucionales estatales. La información es la misma, los enfoques rodean las políticas oficiales, defienden la gestión gubernamental y tienen un enemigo común. En una misma noche se puede ver en la emisión de un noticiero de televisión en una nota al Presidente de la República y tres al Vicepresidente, como ocurrió el 14 de abril. No se presentó un solo cuestionamiento, una sola pregunta, un comentario o una información que mostrara una perspectiva distinta frente a lo que oficialmente se decía. Pero, ¿acaso era el noticiero de la Presidencia? No, era un canal privado. El unanimismo y el control de unos pocos intereses sobre la información y las representaciones simbólicas, hacen que no se escuche una sola voz disidente sin que sea estigmatizada. Así, es necesario que existan más medios, pero pluralistas y no proselitistas, que ejerzan con convicción su función social. Pero, esta visión un poco altruista ¿es posible? Sí siempre y cuando existan al menos dos condiciones: Un Estado que asuma la discusión, el debate y la definición de políticas públicas en materia de comunicación. Unas políticas que estén animadas por el derecho a informar y a estar informado, consagrado en la Constitución y en instrumentos de organismos intergubernamentales de derechos humanos como la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, la Convención Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Una sociedad fuerte y organizada que conciba el derecho a la comunicación como propio, necesario, fundamental, y que lo ejerza como tal. La reflexión y definición de políticas públicas y de la gestión privada de lo público, no puede únicamente quedar en manos de los dueños de medios, los ministerios de Comunicación y Cultura, la Comisión Nacional de Televisión y los periodistas. La comunicación es un derecho de todos y todas que debe ser ejercido y reclamado. Los espacios de definición del derecho en Colombia deben ser colmados de argumentos y propuestas por parte de la ciudadanía.
¿Cómo controlar o incidir en los medios de comunicación privados? Con el poder ciudadano. La sociedad organizada en ligas de usuarios o en otras formas puede y debe jugar un papel fundamental en el control de la gestión privada de lo público. El cambio de canal, la educación en la recepción de medios, la participación en las propuestas de comunicación comunitaria, la demanda por reales defensores de los televidentes y o y entes, la utilización de los espacios destinados a las cartas de los lectores y otros mecanismos son herramientas para lograr esa veeduría o control. Aunque actualmente se puede pensar que las cartas de los lectores o a los defensores, son figuras que no tienen ma y or impacto, es lamentable constatar cómo la ma y oría de ciudadanos y ciudadanas colombianas criticamos a los medios de comunicación, a tal o cual emisión de televisión o radio, el cubrimiento periodístico de equis nota, pero no pasamos más allá de la tertulia con los amigos, no escribimos una carta, no hacemos una llamada o acudimos a los defensores. El llamado es urgente: ¡reaccionemos! Constituyamos grupos de audiencias y seamos interlocutores de los medios, de las entidades gubernamentales, de los periodistas, de los libretistas y de los actores. Ellos están conformando gran parte de nuestro espacio simbólico y es importante que nosotros participemos de manera responsable en esa construcción. No es el triunfo de las ma y orías. La censura es mu y peligrosa y no podemos tampoco dar paso a que esta se permita ni por parte de las audiencias ni por los gobernantes, ni por los dueños de medios. De lo que se trata es que todos los grupos sociales se sientan representados en los medios, que sus propuestas sean visibles, que ha y a un verdadero diálogo en donde también quepan sus críticas. Que haya transparencia; que si se defienden intereses específicos, estos se hagan explícitos; que no se oculten los intereses particulares bajo el manto de la supuesta defensa de lo público. Aunque en el país ya hay algunas ligas de televidentes, es urgente que se constituyan más y que sean realmente de televidentes, no de grupos con otros intereses. Las ligas de usuarios deben estar conformadas por ciudadanos que ven televisión, escuchen radio o leen prensa y que están interesados en discutir y proponer mejoras, que tienen inquietudes y opiniones frente a programas concretos, o hasta propuestas macro de cómo deberían funcionar los medios. Si las instituciones creadas para producir políticas públicas, si los medios de comunicación masivos, e incluso los comunitarios, sintieran la presencia de una sociedad organizada, muchos manejos informativos equivocados se acabarían, o, por lo menos, serían objeto de debate público, se exigiría una ma y or responsabilidad, y se ampliaría el espectro de representación simbólica en el país. Las políticas sobre la materia serían concertadas y no habría espacio para manipulaciones politiqueras en el manejo de presupuestos, licitaciones y concesiones.
Por otro lado, y con el ánimo de construir una comunicación democrática, es fundamental que se establezcan DEFENSORES de los televidentes, de los oyentes y de los lectores de periódicos y revistas (donde no los haya). Defensores que tengan dientes, que no sean un empleado más de los canales o las cadenas radiales, sino que se constituyan en verdaderos defensores de los usuarios y de sus intereses. Sus funciones deben ser proteger y garantizar los derechos de los lectores, televidentes y o y entes, atender sus dudas, quejas y sugerencias, y vigilar que el tratamiento de los textos, titulares y material gráfico esté acorde con las reglas éticas y profesionales del periodismo. Debe verificar que se confronten fuentes y que se les de el tratamiento adecuado, clarificar malentendidos entre públicos y periodistas escuchando los dos lados y haciendo un seguimiento del proceso de construcción de la noticia en cuestión, entre otros aspectos. El espacio dedicado a las defensorías de los usuarios, tanto en prensa como en radio y televisión, tienen que estar ubicados en lugares visibles y espacios de alta audiencia. Es un sofisma que en nuestra televisión los programas de los defensores se emitan después de las 11:00 de la noche.
Por los lados de los medios comunitarios encontramos también algunas alternativas, pero muchos riesgos. Los medios comunitarios son de las comunidades y deben responder a los intereses públicos, generales. Aun cuando se ha detectado que infortunadamente muchas emisoras comunitarias caen en los problemas tan criticados de los grandes medios, en proselitismos religiosos o políticos, o en manejos personalistas, es de nuevo la organización ciudadana la que debe ejercer el control de la función de estos espacios. Con mayor razón, las entidades de control deben acompañar las críticas de las comunidades sobre estos medios y velar por que se garantice el derecho a la libre expresión, a informar y ser informado. Las ligas de usuarios no se proponen solamente para medios masivos. Que interesante sería que también existieran para medios comunitarios y que en ese proceso las comunidades los asumieran como propios y participaran en las producciones. En algunos municipios existe la queja por parte de los productores de medios que la comunidad aunque escucha, realmente no participa, no colabora como debiera. Pero, ¿El problema es de la gente o de los medios? El punto es que el derecho a la comunicación es de todos y todas, no es propiedad de los profesionales en la materia, mucho más si se trata de medios que son de la comunidad. Es preciso hacer trabajo de educación en medios y en producción para que sean grupos de las mismas comunidades los que produzcan y participen garantizando el pluralismo y la diversidad, para que se apropien del derecho ala comunicación (informar y ser informado) y lo ejerzan. Finalmente, la cantidad de medios no es directamente proporcional a una mejor comunicación o a más democracia de la comunicación. Independientemente de quien sea el titular de la propiedad, los medios son parte de lo público y , por lo tanto, interesan al conjunto de la sociedad. Ella, de manera organizada, debe supervisar y desarrollar la comunicación que desea. El pluralismo, la participación, la transparencia, y el ejercicio y defensa del derecho a la comunicación son las claves a la hora de hablar de democratización de la comunicación en Colombia. |