Hay gran expectativa sobre el Plan Maestro de Cultura para Bogotá. ¿En qué consiste este Plan y cuáles son sus objetivos? El Plan Maestro de Cultura es un plan de equipamientos culturales, inscrito en las co nsideraciones del Plan de Desarrollo “Bogotá Sin Indiferencia”. En términos de política de Estado, responde a las políticas públicas que se han definido, mirando hacia dónde va la cultura en Bogotá. En ese sentido, es uno de los 17 instrumento de planificación exigidos por el POT, co n limitantes de norma y tiempo: debe terminarse antes del 16 de abril del 2006, ser sancionado por el Alcalde Mayor y vinculado a los demás Planes Maestros que tendrá la ciudad, pues, si no los armonizamos, algunos podrían quedar hipertrofiados, cada uno por su lado. / Cerrar ventana |
Aparte de los requerimientos de ley, ¿Por qué Bogotá necesita un Plan Maestro de Cultura? El Plan Maestro de Equipamientos Culturales es una buena exigencia de Ley. Durante mucho tiempo, no sólo en el ámbito de la cultura, Bogotá fue desarrollándose al vaivén de las decisiones políticas, muchas de ellas respondiendo a intereses de grupos particulares o, en el mejor de los casos, a la buena intención del gobierno de turno. Una planeación caprichosa que no respondía a criterios de Estado y de sostenibilidad que permitan pensar la ciudad a 15 años. A partir del primer ejercicio del estatuto orgánico de Bogotá con la Alcaldía de Jaime Castro, posteriormente con la de Mockus y Peñalosa, y ahora con la de Luis Eduardo Garzón, se ha avanzado en el esfuerzo de pensar a Bogotá a mediano y largo plazo. Y los Planes Maestros tienen esa visión: construir políticas de Estado desde la planificación que superen los ciclos de gobierno y permitan proyectar la ciudad desde las actuaciones del presente. Por eso, es absolutamente necesario el Plan Maestro de Cultura, como los demás planes en construcción, y otros tantos que deberían pensarse. Por ejemplo, un Plan Maestro de Ciencia y Tecnología ligado al plan de educación y al de cultura, y un Plan Maestro de Turismo. / Cerrar ventana |
Si el Plan Maestro de Cultura se refiere a equipamientos, ¿cómo fortalecer el turismo y la competitividad de la ciudad desde la oferta cultural? Bogotá tiene muchos valores agregados que la ponen ante la mirada de la región y, en muchos casos, del mundo. Es una ciudad que ha ido ganando identidad ciudadana. Los esfuerzos de los últimos gobiernos por construir una cultura ciudadana hacen de Bogotá una ciudad pionera en la forma en que los ciudadanos se relacionan con la ciudad. Tiene unas características físico -espaciales y de oferta ambiental envidiables, como los cerros orientales y el páramo más grande del mundo. Como decía un académico, tiene una sensualidad paisajística. Cuando Pablo Neruda visitó la ciudad, dijo que si viviera en Bogotá sería un coleccionista de nubes. Por su oferta académica, es atractiva para el sector educativo especializado y, la oferta del sistema financiero la hace una ciudad competitiva frente a otras de América Latina. Curiosamente, los conocedores del tema dicen que Bogotá, por su altura y condiciones climáticas, es una de las mejores ciudades en el mundo para jugar golf, elemento que puede incentivar el turismo internacional. La ciudad tiene una oferta de servicios oftalmológicos importante y la gastronómía es fuera de serie. Esto no oculta problemas de gran envergadura, como ser una de las ciudades más inequitativas del mundo y tener una percepción de inseguridad muy alta por parte de sus habitantes. Sin embargo, es una oferta que no está articulada de manera integral al concepto del turismo cultural, ecológi co y de servicios./ Cerrar ventana |
¿Cuál es el sello cultural de Bogotá? Bogotá es una ciudad pluricultural, multiétnica, policlacista y con una riqueza humana impresionante. Si se co mpara con otras ciudades de Colombia y con muchas de las capitales de América Latina, es una ciudad cosmopolita que acoge a muchos sectores sociales. Aún le falta ser cosmopolita en términos internacionales, es decir, los bogotanos y bogotanas seguimos siendo muy de vecindario en cuanto a nuestra capacidad de apertura. Por eso Bogotá no tiene un asentamiento importante de extranjeros, ni una dinámica internacional grande. Pero, quizás, el valor fundamental de la ciudad es su gente, entendida en sus formas de solidaridad, de afecto y lingüísticas. Para nadie es un secreto que Bogotá tiene uno de los mejores castellanos hablados en el mundo. Es una ciudad en la cual la oferta cultural y de servicios se da en un contexto de atraso económico y con una deuda social enorme. En la actual administración, ese ha sido el punto fundamental, sin menospreciar la necesidad de los avances físico -ambientales, los servicios materiales como vías, parques o transporte, y el esfuerzo en la organización de la ciudad. Otro sello es que hoy Bogotá puede darse el lujo de decir que ha sido juiciosa en el manejo de sus finanzas y mostrarlo internacionalmente. / Cerrar ventana |
En la actual administración, el componente social orienta las principales políticas. ¿Cómo aporta la cultura para combatir la exclusión y la inequidad de la ciudad? Diría que es el mecanismo. Estoy convencido de que, ante las crisis de las ideologías, los partidos políticos y los sistemas económicos, la cultura es el gran salto a las sociedades contemporáneas. De hecho, las grandes trasformaciones en América Latina se están dando por la cultura. También, las expresiones conflictivas a nivel mundial. Lo que está sucediendo en París es una expresión clara de una sociedad que no incorporó culturalmente a grandes sectores de la población inmigrante y, hoy en día, se ha convertido en un conflicto cultural. En Bogotá nos puede suceder lo mismo si no incorporamos de manera inmediata a la oferta de servicios a la población desplazada que llega a la ciudad, si no nos dejamos tocar por su cultura. Vemos cómo se pega la cultura de los indígenas ecuatorianos en las calles de Chapinero, o la identidad de las comunidades negras en la Calle 19 con carrera 4. Pero no lo asumimos integralmente. Por eso, siempre cito un ejemplo para el debate: cuando los partidos de los trabajadores del Brasil vislumbraron la posibilidad de llegar al gobierno nacional, colocaron los mejores cuadros políticos del partido en la Secretaría de Cultura de Sao Paulo y, desde allá, se construyó el movimiento político cultural del Partido de los Trabajadores. Un gran reto en Bogotá sería cómo, a través de la cultura, construimos ese movimiento necesario para combatir la exclusión. Desafortunadamente, todavía estamos pegados a los viejos esquemas de cultura. La entendemos como la realización de grandes eventos o aquello que es reconocido por los cánones de las artes. Pero la cultura está allá dónde se cuecen los garbanzos, tiene que masajear las expresiones, como señaló el poeta Gilberto Gil, en su discurso de posesión como Ministro de Cultura en Brasil. Nuestra tarea es construir las condiciones materiales para el ejercicio de los derechos ciudadanos. En ese sentido, la cultura se co nvierte en un derecho y tenemos que construir las condiciones para que se pueda expresar y ejercer plena y equitativamente. / Cerrar ventana |
Usted sugiere un debate entre arte y cultura, ¿en qué sentido? Casi siempre asociamos la cultura con el arte. Pero, generalmente, cuando se piensa en arte, se invisibilizan muchas expresiones culturales a través de la historia. Incluso, cuando nos referimos a la cultura en términos amplios, se invisibilizan las expresiones de las opciones sexuales, las étnias y los géneros. En el tema del patrimonio, fundamentalmente el intangible, están las múltiples expresiones gastronómicas, la oferta intangible que tiene esta ciudad como los gestos, las fisonomías, los emblemas corporales. Hay que construir condiciones para que las múltiples expresiones culturales puedan expresarse en términos de igualdad y equidad, y se respeten las diferencias. El lema de esta administración, Bogotá Sin Indiferencia, expresa que esas diferencias son producto de una sociedad diversa, y no desde la pretensión homogenizante. Por eso, debemos avanzar en el ejercicio de los derechos. Y no necesariamente, cumpliendo reglas, esto se garantiza. En una sociedad en la que se ha negado el ejercicio de los derechos, necesitamos políticas que avance sobre las garantías. Pero no es tarea fácil y se necesitan varios años. / Cerrar ventana |
En este debate, ¿Qué tiene que decir el ámbito de lo local? No debemos restringir lo cultural al Plan Maestro. Este plan sólo es un instrumento de planificación que ubica los equipamientos culturales, sus potencialidades y las redes de coordinación. Habla de los medios pero no de los fines. Lógicamente, hay una propuesta de política cultural en el Plan Maestro, que se expresa cuando somos capaces de ir más allá del arte para entrar en el campo de esas otras expresiones necesarias de desarrollar. Sin embargo, en los gobiernos que nos perfilamos como diferentes, más que nunca estamos obligados a saber cuáles son los límites, porque se espera que, de un momento a otro, se acabe la inequidad, la exclusión y todos los movimientos sociales se expresen. Debemos tener claridad sobre los proyectos que podemos asumir hoy para que, en 15 o 20 años, la ciudad mejore. Y en ese sentido, lo local es muy importante. Por eso, esta administración se la ha jugado por la descentralización. Con el sólo hecho de nombrar a las alcaldesas, la gente volvió a pensar en lo local a partir de una decisión política. Con el programa Bogotá Sin Hambre, nos la hemos jugado por suplir las necesidades alimentarias de niños y niñas de las localidades más vulneradas. Cuando alguien ve pasar a una persona por la cebra, lo relaciona con Mockus; cuando ve un bus de TransMilenio, se recuerda a Peñalosa. Ojalá que, en unos años, cuando se vea a un niño bien nutrido, se asocie con Lucho Garzón. Estamos trabajando por algo intangible, que no es inmediato: crear cultura de la inclusión social, del respeto de las condiciones básicas de la gente, no sólo de los estratos 1, 2 y 3. En los estratos 4, 5 y 6 también hay inequidad, porque en el norte de Bogotá no hay equipamientos culturales. Obviamente, le apostamos a la discriminación positiva, es decir, re conocer a aquellos que han sido históricamente marginados. Gobernar es un ejercicio de apuestas cotidianas. Ojalá que este proyecto social convenza a los bogotanos y bogotanas para que elijan a una persona que le de continuidad. Si a nosotros nos tocó continuar las troncales de TransMilenio, esperemos que el próximo gobierno no eche reversa a las troncales contra el hambre. / Cerrar ventana |
Desde el Observatorio de Cultura Urbana, ¿Cómo se ve a Bogotá? Como habitante de Bogotá, le he medido el pulso en sus múltiples manifestaciones. Soy un habitante del día y de la noche. Llevo 32 años caminándola, con más de 85 mil personas que me han acompañado en los recorridos. Desde hace años observo la ciudad desde un elemento primario. Y lo cuento con una anécdota. Un día, en el apartamento del profesor Carlos Martínez, en el barrio San Diego, le pregunté: “profesor, ¿Qué es para usted la ciudad?”, y él me respondió, con un acento muy sabanero: “Ala, Bogotá es un río coqueto, sinuoso, que se sale de su curso. No es como el Ganges o el Támesis, que se sabe para dónde van. Es como esas familias que tiene dos hijos: el juicioso, que se graduó con honores, estudió en la universidad, se casó y tuvo hijos. El otro, es el hijo sinvergüenza, toma trago y mujeriego, pero al que se quiere mucho. Asómate a la ventana, mira a Bogotá: es un desorden, pero uno la quiere tanto…”. Y agregó: “Antes de atreverte a pronunciar la palabra Bogotá , siempre asegúrate de que te antecede un sentimiento de amor”. Desde entonces, soy un observante amoroso de la ciudad. Por eso, la ciudad más linda que conozco , es la última que caminé enamorado: Bogotá. / Cerrar ventana |
¿Cómo observar con amor a Bogotá? El amor es un compromiso ético y político. He mirado a Bogotá con una responsabilidad política y colectiva. Aunque camino codo a codo, en la calle somos mucho más que dos, como diría Benedetti. Es un compromiso personal y afectivo, pero también político, en tanto se proyecta en el tiempo. Estos elementos me permiten caminar ahora, como burócrata, desde la dirección del Observatorio de Cultura Urbana. Me aburren los tecnócratas que sólo colocan sellos y trabas. Yo creo en otra posibilidad. De lo contrario, observar por observar la ciudad puede convertirse en un ejercicio morboso cuando no se conoce nada de ella. Yo observo la ciudad para transformarla porque vivo en ella. Es el sello que le he puesto al Observatorio de Cultura Urbana: a través de la institucionalidad, observar la ciudad amorosa, sensorial y políticamente. No creo en los objetivos permanentes de las instituciones, si lo creyera, sería neoliberal. Creo en la sorpresa cotidiana de la dialéctica, en la posibilidad de transformación de lo inesperado, en navegar a la deriva pero en estado de alerta, como decía Manfred Manfeed. Creo en el impacto que, desde esa perspectiva, podamos generar en la institucionalidad. / Cerrar ventana |
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Entrevista con Hernando Gómez Serrano,
Noviembre 28 de 2005.- Hace años se goza Bogotá recorriendo sus calles, oliendo sus rincones, conociendo a su gente. Como alcalde de la localidad de Chapinero durante la administración Peñalosa , demostró su capacidad de crítica y dejó clara su propuesta de construir ciudad desde otra visión de la cultura y el espacio público. Doctor en sicología y urbanismo, hoy, como director del Observatorio de Cultura Urbana del Instituto Distrital de Cultura y Turismo, y coordinador del proceso de consolidación del Plan Maestro de Cultura, Hernando Gómez Serrano se siente más cómodo jugándosela por construir una Bogotá Sin Indiferencia. Desde la institucionalidad del Distrito ha puesto su sello inconfundible: observar la ciudad amorosa y políticamente. |
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Hernando Gómez responde... |
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Aparte de los requerimientos de ley, ¿Por qué Bogotá necesita un Plan Maestro de Cultura? ¿Cuál es el sello cultural de Bogotá? Usted sugiere un debate entre arte y cultura, ¿en qué sentido? En este debate, ¿Qué tiene que decir el ámbito de lo local? Desde el Observatorio de Cultura Urbana, ¿Cómo se ve a Bogotá? |
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