Cómo afecta este proceso la representación del bogotano ¿Es todavía un ciudadano temperamental, prevenido, intolerante? Hice una ecuación dónde “Bogotá gris” es igual a “temperamento agresivo” y “Bogotá amarillo” es igual a un “temperamento alegre”. Las escalas cromáticas conectan otro tipo de percepción de la ciudad y, por tanto, se rebaja la agresividad. Los problemas en el transporte están muy ligados al carácter agresivo del bogotano y a la percepción de caos de la ciudad, y Peñalosa lo entendió. Sin embargo, la respuesta que dio no fue la correcta: Transmilenio es efectista -es mejor que una buseta- pero es mejor un metro. No obstante, ese sólo experimento en el transporte logró bajar la agresividad. En Bogotá, al mismo tiempo que aparecen las ciclovías y la recuperación del espacio público, el carácter del bogotano y los colores con los que se asocia a la ciudad van cambiando. Aparecen calificativos inesperados que son optimistas hacia futuro. Bogotá sigue siendo percibida en buena parte como huraña y de mal genio, pero lo interesante es que empiezan a aparecer la alegría, el bienestar y la fiesta. Ya no es la Bogotá del bambuco: hoy los ritmos bogotanos son el vallenato y el rock. Todo eso conlleva a aligerar el carácter bogotano. En encuestas hechas a personas que migran a Bogotá, una de las cosas que más aprecian es que aquí se puede ser anónimo. Aunque la ciudad anónima hace que la gente perciba cierto sentido de no cordialidad, de indiferencia. Sin embargo, ese sentido de indiferencia es una marca positiva desde el punto de vista de ejercer la vida con autonomía. Otra cosa es ser indiferente con la injusticia, no contribuir a mejorar las causas de desigualdad de la ciudad. / Cerrar ventana |
El estudio afirma que se sigue percibiendo la ciudad como elitista y excluyente, a pesar de esfuerzos realizados, por ejemplo, en la democratización del espacio público ¿Por qué? Hemos de pasar de un urbanismo físico a uno cultural. El urbanismo bogotano aún mantiene el elitismo; la manera como se construyó Bogotá es que hay unos sectores donde viven los ricos y otros donde viven los pobres. Y el urbanismo va a la par con una manera de ser de la clase dirigente. Pero Bogotá tiene experiencias de urbanismo unificado: el experimento más interesante que se ha hecho son las ciclovías, que marcaron una pauta muy importante pues se puede cruzar la ciudad de norte a sur y romper esos límites simbólicos. Y esto desembocan en otro gran espacio público como los parques metropolitanos, muy apreciados por la ciudadanía. Sin embargo, persiste el sentido de estratificación social. Registrar el estrato en el recibo de los servicios públicos es un señalamiento. Conozco amigos extranjeros que se asombra de que en Bogotá uno pueda decir que es de estrato 1, 3, o 6. Es estratificar socialmente a la ciudad desde una condición administrativa. Y esto persiste porque todavía no se han hecho las revoluciones sociales que necesita el país. En Bogotá, la diferencia entre el que más gana y el que menos, es de 1 a 50. En Suecia, por ejemplo, no puede haber alguien que gane tres veces más que otro; en Bogotá, el presidente de una empresa gana 50 veces más que un obrero. Nos hace falta clase media. Y eso hace que la ciudad sea elitista y así se perciba. / Cerrar ventana |
¿Por qué las y los habitantes del sur no asumen su entorno como representativo de la ciudad y continúan apareciendo como referentes simbólicos el centro y el norte de la ciudad? Todos debemos tener una autoestima suficiente, un reconocimiento de sí mismo, fundamental para la construcción de la identidad. Por eso defiendo el concepto del narcisismo. Otra cosa es que, por mi narcisismo, excluya al otro. Por ejemplo, frente a los olores, es sintomático cuando el estudio concluye que para los habitantes del sur el lugar de la ciudad que mejor huele es el Parque de la 93 , y en cambio lugares aledaños a ellos no les huelan bien. Esa distribución de la representación de Bogotá es muy fuerte: es el centro o el nor–oriente, aunque últimamente comienza a aparecer el occidente con la construcción de la ciudad hacia el Salitre. / Cerrar ventana |
Los habitantes de la ciudad no reconocen el entorno rural de Bogotá, cuando éste conforma el 70% de su territorio. ¿A qué se debe este fenómeno? Esta división es inoperante en el mundo contemporáneo. No hay que vivir en la ciudad para ser urbano. Es el paso de un territorio pensado en el espacio, a un territorio pensado en el tiempo. Hoy en día tenemos mucho más culturas del tiempo por efectos de los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías. Una persona puede vivir en Chía o en Usme y, sin embargo, ser urbana. En el siglo XX, sobre todo con el desarrollo de la modernidad, lo urbano estaba ligado a conductas. Ser urbano era pertenecer a la ciudad. En el siglo XXI lo urbano es un concepto cultural, no es el espacio, es el ciudadano, no importa dónde viva, que usa tecnologías y empieza a disponer de la cultura del tiempo. El estudio de una colega, Martha Abello, reflejaba algo muy interesante: cómo las personas que llegan del Chocó crean en Bogotá redes de celular, y se comunican entre ellos por teléfono; al hacerlo, están viviendo un territorio imaginado. Para los jóvenes, la esquina de la calle es el chat: es otro concepto de territorio. Cada vez más vivimos ciudades imaginadas, cada vez la ciudad es menos un límite físico y más un concepto cultural. La ciudad es un efecto del imaginario. / Cerrar ventana |
Sorprende en el estudio que los magnicidios aparecen como una de las cualidades que simbolizan a Bogotá para sus habitantes... Al comparar las ciudades de América Latina, ninguna se caracteriza en su historia de violencia, como Bogotá. Esa es una característica de lo bogotano. Cuando se le pregunta a la gente por sus recuerdos los que vivieron en los años 30 y 40' , hablan del asesinato de Gaitán; de los años 70' en adelante, de Galán o el Palacio de Justicia; y en los últimos años, de Jaime Garzón. Los asesinatos dominan cualquier otra escena, mientras que en Santiago, por ejemplo, domina Pinochet pero también los temblores; incluso, cuando se compara a Pinochet con un nuevo temblor, domina el hecho geográfico. En Caracas la construcción del metro determina la memoria pública. Quizá los últimos años han sido afortunados y podemos ser optimistas cuando empezamos a tener hechos que conviven con esa memoria trágica, como TransMilenio, que ocupa un lugar importante en la nueva percepción de Bogotá. Pero todavía no se ha construido la suficiente memoria./ Cerrar ventana |
En Bogotá la gente suele relacionarse más en sitios cerrados ¿Por qué? Cuando se preguntó a los ciudadanos en dónde ponían una cita, el 52% dijo que en la casa. Por eso creo que las políticas de los últimos alcaldes han estado bien orientadas al favorecer la recuperación del espacio público. Fue un error impedir que los establecimientos del Chorro de Quevedo pongan las mesas afuera. Es el temor al ciudadano. En Colombia no hay movilizaciones públicas. Como no se usa el espacio público, le tenemos miedo a las “masas enardecidas”, persiste el temor al “Bogotazo”. Hay que ver lo que hacen en Santiago, Madrid o México con las grandes manifestaciones. Aquí todavía se le tiene miedo al pueblo, porque el pueblo, a su vez, todavía no ha logrado conquistar la calle. Debe ser una conquista determinante del pueblo bogotano conquistar la calle. / Cerrar ventana |
El imaginario de la Bogotá insegura, hace que la ciudadanía se inhiba de gozarse la ciudad de noche. ¿Cómo superar ese miedo? Crítico el uso nocturno de la ciudad a los bogotanos. La noche está muy relacionada con la borrachera y con manejar embriagados, y eso vuelve la ciudad más insegura. Cuando Mockus empezó la hora zanahoria, el 30% de los homicidios se producían viernes y sábado por las noches, por personas embriagadas. Y si una ciudad de noche es para los borrachos, es un elemento de miedo. Hay que impulsar el uso de otros imaginarios de la noche: la oferta cultural, los cafés, las caminatas. En la medida que más se use la ciudad, es más segura. Los índices demuestran que Bogotá es segura y el imaginario de inseguridad es muy injusto con la ciudad. Pero la realidad es el imaginario. Si creo que la ciudad es insegura, así no lo sea, la uso cómo insegura y no salgo, salgo con temor, o no salgo de noche. Finalmente, una ciudad es sus ciudadanos. El asunto es cómo siente la gente su ciudad. Un imaginario se demora mucho en cambiar si no alcanza la verdad. Por ejemplo, en Ciudad de México había un lugar que olía mal por una alcantarilla, la quitaron y, sin embargo, las personas siguen diciendo que huele mal. ¿Cuánto se demorarán en sentir que allí ya no hay un mal olor?. La verdad es subjetiva y colectiva. / Cerrar ventana |
¿Cómo analiza la percepción de la ciudad liderada por Luis Eduardo Garzón? Es un tema interesante desde el punto de la cultura. Los bogotanos se entregaron a sí mismos un poder, pues decidieron cambiar el modelo de Mockus y Peñalosa que aparentemente estaba funcionando. Creo que hubo una habilidad personal de Lucho cuando logró captar que el gran vacío que tenía la ciudad era lo social y lo volvió un imaginario. En Colombia hay dos imaginarios: a nivel nacional, la seguridad, con un enemigo que son los grupos armados, y a eso apunta Uribe; y a nivel Bogotá, el problema social y a eso apunta Lucho. Si el país ya no tuviese los enemigos que perciben sus ciudadanos como el narcotráfico, la guerrilla y los paramilitares, el presidente Uribe no tendría oficio. Y si los índices de pobreza no existieran, el discurso de Lucho sería bastante pobre para una ciudad sofisticada, como pasa en ciudades de España que necesitan confort. Pero en Bogotá nos dimos primero confort y después miramos las necesidades sociales. / Cerrar ventana |
¿Cuál es su Bogotá imaginada? Desde pequeño anhelo el metro. Una respuesta seria al transporte es determinante en la ciudad. Que Bogotá tenga más presencia mundial, que sea menos localista en sus deliberaciones. Que sea menos elitista y que la clase política tenga cada vez menos importancia, que los ciudadanos puedan estar más presentes. Que las Administraciones, la academia y las industrias trabajen relacionados, que el saber contribuya con propuestas pensadas para las realidades. Que se logren generar expresiones políticas críticas. Creo en una izquierda ligada a un pensamiento crítico y hay que construirla. Hay atisbos pero son coyunturales. Es necesario qué Bogotá se piense más a futuro. Y este libro hace parte de esa nueva Bogotá. Cuando me preguntan por qué Bogotá Imaginada tiene un tono de optimismo, respondo que representa lo que están viendo mis conciudadanos, y es que Bogotá ha mejorado y los índices lo demuestran. Esa Bogotá imaginada ya ha empezado a realizarse. / Cerrar ventana |
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Agosto/29/05 |
Entrevista con Armando Silva "La ciudad es un efecto del imaginario"
Se asumía que el carácter de Bogotá lo representaba el cachaco típico. Pero ese concepto provinciano encerraba a Bogotá en una pequeña élite social, intelectual y económica, con desprecio por los demás. Y si algo es provinciano es el que se encierra y no ve más allá de las fronteras. Bogotá fue muy provinciana hasta cuando llegan las migraciones internas en los 70 y 80' y empiezan a pasar cuenta de cobro: soy boyacense, soy pastuso, soy antioqueño, vivo en Bogotá pero no me reconozco como bogotano. En los años 90' se da un fenómeno extraordinario y es que la gente que vive en Bogotá empieza a sentir que la ciudad no es de los cachacos si no de los que viven en Bogotá. Bogotá se vuelve Colombia y es la representación de sus regiones. El cachaco pierde importancia y se vuelve anacrónico. En 1992, en el libro Imaginarios Urbanos, Bogotá se asociaba con el color gris. Ahora, en Bogotá Imaginada, hay un 30 o 35 % de sus habitantes, específicamente las personas que no han nacido en Bogotá, que no la ven así. La gente que viene de afuera aporta el color, es decir, el color de la ciudad no es un hecho científico sino una construcción cultural. Con la colombianización de la ciudad y la aparición de una serie de acontecimientos urbanos como las ciclovías y los parques, Bogotá se asocia con el aire libre, con el amarillo, el rojo y el azul, y no precisamente con esa Bogotá lluviosa y gris. |
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Misión Bogotá pregunta... |
Armando Silva responde... |
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En Bogotá la gente suele relacionarse más en sitios cerrados ¿Por qué? ¿Cómo analiza la percepción de la ciudad liderada por Luis Eduardo Garzón? |
Fotografías del libro Bogotá Imaginada |
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