Danilo: Recuerdo que la Constitución Política se promulgó en julio de 1991 y el Artículo Transitorio 55 decía que, en un plazo de dos años, el gobierno debía expedir una ley que reconociera los derechos de las comunidades negras. Conformamos la Mesa de Trabajo de Comunidades Negras entre Chocó, Nariño, Cauca y Valle. Luego vino la Comisión Operativa Nacional para concertar con el gobierno el documento-propuesta de Ley. En diciembre de ese año iniciaron las convocatorias. Tuvimos muchas reuniones municipales, departamentales y nacionales. Recuerdo que nos íbamos desde Tumaco hasta Satinga en un motor 15. Salíamos a las 6 a.m. y llegábamos a las 6 p.m. Aguantábamos hambre. Caminábamos hasta seis horas por Barbacoas. Explicábamos a las comunidades que, con la ley, vendría el desarrollo y no podrían quitarnos los territorios ancestrales en los que habíamos vivido. Cuando viajábamos a Bogotá, llegábamos a un apartamento en un edificio viejito en la calle 9 con carrera 4, que habían conseguido los compañeros de Buenaventura y Chocó. Dormíamos en el piso y los compañeros de Bogotá nos prestaban chaquetas para el frío y hacíamos olla comunitaria. En esas estuvimos dos años, hasta el 27 de agosto de 1993 cuando Gaviria sancionó la Ley 70. Hoy, 15 años después, el balance es positivo. La Ley nos reconoce como un pueblo que piensa y siente diferente, y quiere participar en la construcción del país. Y ha sido fundamental para recuperar el territorio. Antes, la gente vendía por necesidad, obligación o desconocimiento. En Tumaco sucedía, por ejemplo, que su vecino había vendido la parcela y el ganado del nuevo dueño se pasaba a su finca para que usted, aburrido, vendiera barato. Hoy el 90% del municipio de Tumaco está titulado colectivamente. Migdonio: Aunque la Ley ha sido muy importante para la defensa del territorio, un gran vacío es que, aunque ordena que se formule un Plan de Desarrollo para comunidades negras, no aparece la obligatoriedad para ejecutarlo. Es decir, no hay mecanismos para obligar al Estado a ejecutar el Plan de Desarrollo para comunidades negras. Danilo: Otra cosa es que la Ley 70 dice que el consejo comunitario es el ente de ejecución, formulación y administración del territorio, pero no tenemos autonomía porque no somos entes territoriales. Ese es un vacío en el que hay que trabajar duro. Otra dificultad es que no tuvimos un capítulo especial de educación en la Ley. Migdonio: Es que en materia de educación estamos fregados porque el Ministerio no está obligado a establecer una educación pertinente e incluyente y, por eso, nos meten a todos en el mismo costal. Para ellos la educación tiene el mismo valor en Medellín, Tumaco, Bogotá o Quibdó. Recuerdo que el año pasado estuvimos en el proceso de formulación del Plan Decenal de Educación, y tuvimos que demandar ante la Procuraduría Delegada para Comunidades Negras la inclusión de una Mesa para trabajar el tema étnico. La Constitución reconoce que somos un país pluriétnico y multicultural y debe reflejarse en las políticas públicas. La Procuraduría ordenó que se incluyera esta mesa, presentamos nuestras conclusiones, pero el documento final del Plan Decenal de Educación no reflejó nada. Fuimos unos convidados de piedra y, una vez más, se burlaron de las comunidades afro. Ahora estamos en la lucha por construir las políticas públicas de educación para comunidades negras pero el Ministerio nos convoca cada año a la cuaresma, con su propia agenda, como esperando a ver si nos olvidamos del tema. Danilo: Aunque la educación no ha asumido el proyecto étnico, hay que reconocer que, antes de la Ley 70, la educación en el área rural era un desastre. Hoy ha mejorado por la presión de los consejos comunitarios. Ya estamos en capacidad de exigirles a los profesores que cumplan. Aunque de todas maneras, uno sigue viendo escuelas en las que el maestro llega el martes y se devuelve el jueves. Pero ahí vamos de a poquitos… Migdonio: Desafortunadamente, a partir de la expedición de la Ley 70 no hemos tenido alcaldes comprometidos con la etnoeducación. Ha sido una lucha permanente entre las comunidades queriendo desarrollarla y los políticos diciendo “esto aquí no tiene cabida”. Danilo: Es que yo creo que, en el fondo, lo ven como un problema de gobernabilidad hacia futuro y, por eso, no quieren que nuestros procesos de autonomía se fortalezcan. En Tumaco tenemos 263.000 hectáreas tituladas colectivamente de cerca de 350.000 que tiene el municipio. Es decir, el poder real somos las comunidades negras. Migdonio: En Colombia debe darse una educación pertinente, diferenciada y contextualizada, que reconozca las raíces culturales de los diversos pueblos, si queremos fortalecer estos procesos de autonomía. Yo no puedo partir de las batallas de Simón Bolívar cuando para mi fueron más importantes las luchas de la rebeliones comuneras o el papel de los haitianos en el proceso de independencia. Pero la historiografía colombiana no valora esos aportes. Todavía se habla de la Madre Patria alusiva a España y puede serlo para otras comunidades, pero para nosotros nuestra Madre Patria es Africa. Mientras no se trabaje desde las particularidades culturales no se puede hablar de pertinencia en la educación. Por ejemplo, la tradición oral es el soporte fundamental de aprendizaje para nuestras comunidades. Por eso nosotros no hablamos de analfabetismo porque aquí todo el mundo sabe leer. Una persona puede no descifrar unos códigos de letras o números, pero hace una lectura perfecta de su entorno. La educación debe responder a los patrones culturales en los cuales nos hemos formado. Pero los indicadores en el sistema educativo actual no miden el verdadero conocimiento de nuestras comunidades. Por eso, debemos construir nuestro propio sistema educativo. Danilo: Una cosa importante en el tema de educación es que no se trata sólo del acceso, sino de lograr que los muchachos quieran estudiar y quedarse en los territorios. Migdonio: Debemos hacer una propuesta educativa que permita cerrar esa brecha. En muchas de nuestras zonas rurales a duras penas los muchachos terminan la primaria. Por eso, hay que llevar el bachillerato con pertinencia y calidad. Que el joven sienta una relación entre su vida cotidiana y lo que aprende en la escuela. Hay que trabajar la inclusión de lo agropecuario y lo ambiental en los contenidos. Danilo: También son muy importantes los procesos de formación de adultos porque finalmente, de lo que se trata, es de fortalecer los consejos comunitarios. El proyecto que estamos formulando con el Consejo Noruego para Refugiados está encaminado a eso: garantizar una educación pertinente para fortalecer la identidad de nuestras comunidades. Migdonio: Nuestros líderes y lideresas no han podido acceder a niveles de educación. Por eso, hay que llevar un bachillerato para adultos. Eso mitiga también la deserción escolar porque cuando el niño ve que sus papás, a pesar de la edad, están en la escuela, genera un hábito de permanencia en el estudio. Hay que construir ambientes escolares que eviten la deserción. Hoy los niños y jóvenes no encuentran en la escuela un espacio para desarrollar sus prácticas. Por eso se van, lo ven como una pérdida de tiempo porque sienten que la escuela no les sirve para nada. Danilo: Por eso lo más importante es generar desarrollo en los territorios colectivos porque si hay oportunidades la gente no se va. Y los que se han ido, regresan. Con las fumigaciones mucha gente se fue a la zona urbana de Tumaco y están pasando hambre, cuando antes tenían su casa y comían de su cultivo y sus animales. También pasó con la bonanza coquera. Muchos se fueron a sembrar porque sabían que, a los pocos meses, tenían unos millones en la mano. Ahora que se está acabando la coca, están en Tumaco de delincuentes, de barrenderos o cargando bultos a la empresa compradora de cacao. Pero si la gente ve oportunidades, regresan al territorio colectivo. Pero debemos estar muy atentos. Los territorios colectivos son de y para las comunidades negras. Muchos permiten que entren personas ajenas a los consejos comunitarios. Uno como líder se queda corto cuando un individuo enamora a la hija de un miembro de la comunidad y la familia no se da cuenta que lo hace por conseguir tierra. Esa estrategia la han utilizado mucho los colonos del Putumayo y los paisas, sobre todo por Caunapí y Barbacoas. La ley dice que los territorios colectivos son inalienables, imprescriptibles e inembargables. Pero, aunque la persona no puede adueñarse de la tierra, sí puede explotarla, entrar y salir del territorio, es decir, formar parte de la comunidad sin ninguna restricción. Migdonio: Recuerdo que, cuando llegó el boom del monocultivo de la palma de aceite, se despojó al campesino de la tierra y lo convirtieron en obrero. Como aún no habían sido titulados los territorios, por una parcela que costaba 5 millones les daban 15 millones y nuestra gente no ha sido enseñada a ver cantidades de plata. Les compraban la tierra y los dejaban como administradores. Luego, cuando las empresas necesitaron expandir los cultivos, sacaron a los campesinos. El campesino quedó sin tierra, se había gastado ya la plata y tuvo que migrar a las ciudades a engrosar los cinturones de miseria. Con esos procesos se va perdiendo la identidad con el territorio. El campesino sin tierra no es nada. Danilo: Aún hoy, hay gente en los consejos comunitarios que no cree que el proceso de la Ley 70 haya servido porque, hasta este momento, el desarrollo que se promulgó en ese entonces no ha llegado a las comunidades. La gente siente que después de 15 años estamos igual. Por eso es tan importante trabajar en estrategias de fortalecimiento social y de desarrollo. Pero, a pesar de las dificultades del proceso, sueño con que, en un futuro, los territorios colectivos estén ordenados, tengamos autonomía territorial y la gente que vive en los territorios colectivos y en las zonas urbanas pero que pertenecen a los territorios, reconozcan a la Junta del Consejo Comunitario como su autoridad legítima para ejercer gobierno. Ese es mi sueño. Espero no morirme sin verlo cumplido. Migdonio: Como dijo Martin Luther King, yo sueño en que un día mi pueblo sea gobernado por gente con conciencia negra. Sólo así tendremos políticas para el desarrollo para nuestras comunidades. Pero mientras no constituyamos un verdadero discurso político y lo llevemos a las instancias de decisión, nuestro proceso se cae. En últimas, se trata de una apuesta política. Y debemos hacer hermandad con el resto de comunidades negras porque una de las desventajas es que no hemos articulado un movimiento nacional. Incluso, en la región del pacifico estamos distantes chocoanos, caucanos, vallunos y nariñenses. Y al interior del mismo departamento de Nariño hay fisuras. Somos presa fácil para que nos dividan porque no estamos estructurados políticamente. Y aquellos que sí han entendido el mensaje, se encargan de reforzar esa división para evitar, justamente, que se arme un movimiento de comunidades negras que ponga paso firme al proceso de construcción real de este país. Danilo: Lo importante es saber que el éxito de este proceso no radica en que los negros trabajemos solos. Porque, en últimas, esta causa no es por el color de la piel sino por lo que uno tiene en el corazón y en la mente. El racismo no es cuestión de piel, es una concepción del mundo. Migdonio: Por eso, nosotros le apostamos a la interculturalidad porque solos no llegamos a ningún lado. La oligarquía de este país nos ha dividido a los pobres entre mestizos, indios, negros, blancos, para evitar que nos cohesionemos y reclamemos lo que históricamente se nos ha negado. Y este país es de construcción colectiva. Aquí tienen que ser bienvenidos todos los que quieran construir con nosotros. El proceso de comunidades negras no parte de la pigmentación de la piel. El proceso afro es cultura, identidad y compromiso con la causa. |
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